Esa despedida que fuimos postergando, para la que pusimos mil y un pretextos. Intentamos de todo, volver a enamorarnos, consejo de la familia, ja, imposible, el daño estaba hecho y aún así lo intentamos, juramos que lo intentamos.
Para la gente éramos la pareja perfecta, y lo fuimos por casi toda la relación pero el amor de pareja tiene fecha de caducidad, lo que no pasa con el amor fraternal. En unas parejas, llegada la hora, inicia la indiferencia pero con cordialidad y pueden seguir por el resto de sus vidas, pero en otras, como en la nuestra, algo empieza a pudrirse y va dañando a cada uno, carcomiendo el cariño e incluso el respeto.
Ayer lo decidimos, había llegado el momento de decir adiós y de tomar rumbos distintos, de aprender a sanar cada quien con su proceso.
Hoy es el día cero, hay una extrañeza en el ambiente, una mezcla de miedo, incertidumbre, esperanza y paz.
Estaremos bien, cariño, ha sido lo mejor.
