Este blog fue creado para compartir información académica, escritos, lecturas, reseñas o comentarios de libros, películas. Es un espacio para aprender, reflexionar y dialogar.
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Metamorfosis
Como el mar
Me parezco al mar,
en lo calmo y turbulento,
en lo turbio y lo cristalino,
en los efectos del ciclo lunar
y en la grandeza que conlleva.
Del mar he aprendido
que hay mareas que pueden desestabilizar
pero también hay momentos de paz y claridad.
Y así como el mar,
quiero fluir
y abrazar lo que soy,
quiero ser mía como el mar
y disfrutar de mis días
y mis noches
sin rendir cuentas a nadie,
como el mar.
Culto
El otro día soñé que volaba, dentro del sueño fui consciente de la libertad que poseía en ese instante y al mismo de lo efímero que resulta, ya que en cualquier momento podría acabarse si alguien, por ejemplo, decidiera encerrarme en una jaula o simplemente acabara con mi vida.
Así es todo en la vida, cuando algo se otorga viene acompañado de la posibilidad de perderlo. Con esa sensación quise despertar pero no podía, mi cuerpo se elevaba cada vez más y sorteé mares y ríos, hasta que llegué a un lugar en lo alto de una montaña donde un grupo de mujeres en círculo tocaban percusiones, danzaban y entonaban himnos sublimes juntas, uniendo sus voces y el latido de sus corazones para rendir culto a la diosa del amor, que es la misma que la diosa de la vida, nuestra madre.
Descendí en medio del círculo y de pronto me encontré en posición fetal, desnuda, cubierta de hojas y plumas de hermosas aves, rodeada por todas aquellas mujeres con los ojos inundados en lágrimas, con las mejillas sonrosadas y voces de ángeles arrodilladas ante mí.
En ese momento comprendí que toda la ceremonia era entorno mío, yo era la diosa de su ritual y cuando por fin pude despertar del sueño, tuve el convencimiento de que soy mi propia diosa y que cada día debo mantener mi energía, mi armonía y mi amor en equilibrio, sin permitir que nada ni nadie robe mi esencia.
Soy yo, la diosa, y me amo.
Atención plena
Lo que no fue
Una noche en Tekax
La taza de mamá
Llegas del funeral, cansada, agobiada y con mucha sed. Vas a la cocina, abres la gaveta que está justo encima del agua y la ves, la taza de mamá, no cualquiera, su favorita, porque tú se la regalaste; y es en este instante en que el mundo se te viene abajo.
Tantos trámites a raíz de su muerte no te habían permitido iniciar el duelo, pero ahora, en la soledad y el silencio de su casa, mirando su taza favorita, te llegan los pensamientos devastadores, nunca más la verás tomar su café en ella, nunca más escucharás su voz por las mañanas mientras desayunan juntas y se te inundan los ojos, las lágrimas salen a ríos sin pedir permiso y el vacío se apodera de ti, sientes la orfandad, una desolación enorme.
Eran inseparables, hacían todo juntas, era tu gran compañera de vida y de pronto, ya no está más, se fue y te dejó en este mundo que siempre te ha parecido demasiado. Con todo y este pesar, tomas la taza entre tus manos, la observas como cuando la elegiste para ella, y recuerdas aquel cumpleaños, hace más de 10 años, cuando se fueron juntas a ese lugar de ensueño, te vienen los recuerdos de cómo empezaron a organizar ese viaje, el ahorro, la compra de los boletos de avión, las maletas que casi no pasaban en la promoción, el vuelo, la llegada, la visita a esa magnífica cascada, los paseos, las fotos, las risas; tantos momentos de felicidad que compartieron.
De pronto piensas que a lo mejor todo esto es un mal sueño y sólo debes dejar que continúe para despertar y empezar el día con su rutina diaria, así que dejas la taza en su lugar, tomas un vaso de vidrio, lo llenas de agua, te la bebes, lo dejas en el fregadero, te vas a tu cuarto y te tiras en la cama a dormir.
Pasan 16 horas, despiertas y sonríes, mamá te visitó, te dijo que está bien, en paz, y que ahora sí podrá estar siempre contigo; también te dijo que a tu lado fue la mujer más feliz, te agradeció por ser su hija y por todo lo que vivieron juntas, te abrazó y aún puedes sentir ese calor de sus abrazos, ese olor a frutas que despedía, incluso te sientes reconfortada, como todas las veces que te abrazaba.
Estás en paz, mamá se fue pero te dejó las lecciones de vida más importantes, sus enseñanzas, sus mejores momentos juntas y, por supuesto, su taza favorita que, de ahora en adelante, será tu favorita en lo que llega ese momento de reunirse de nuevo en el más allá.
Mi primer libro
Lentes
Bitácora de una maestra que les lee a sus estudiantes - Día 6 (26/03/26)
Hoy, ya se me estaba olvidando leerle a mi grupo de tutorados, pero cuando estaba por empezar a pasar lista alguien dijo: -Maestra, ¿no nos...
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Hola, aquí de nuevo, disculpen el abandono. Como saben estoy estudiando la Maestría en Investigación Educativa, ya estoy en el cuarto y ú...
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Y en las noches, cuando estoy sola en mi cama, se mete bajo mis sábanas primero y después debajo de mi piel aquella sensación de desasosieg...
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Hoy es el día cero, ayer fue la despedida. Esa despedida que fuimos postergando, para la que pusimos mil y un pretextos. Intentamos de todo...


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