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Metamorfosis

Todo el mundo cree que mi transformación es fácil y maravillosa, pero la verdad es que es lo más complejo por lo que alguien como yo pasa, el cambio de oruga-crisálida-mariposa es tremendo.
Salir de nuevo al mundo es terrorífico sobre todo cuando una se acostumbra a ese espacio seguro del capullo y aunque sabes que puedes ser devorada en cualquier momento, te sientes como en el útero de mamá, porque sí, todas nosotras fuimos seres humanos de otros tiempos, renacemos siendo orugas cuando dejamos a un ser querido muy valioso y queremos dejarle un mensaje a través del contacto con él o ella siendo mariposas.
No es fácil salir con unas alas más grandes que tu cuerpo, no es fácil pasar de oruga, de un gusano rastrero a mariposa, delicada y bella, ustedes los humanos lo ven como algo lindo, como un renacer, como el mejor cambio pero no es así.
Tener alas después de haberte arrastrado por el suelo requiere de una gran madurez física y mental. No todas pueden con el peso de esas alas, algunas ni siquiera pueden volar y deciden renunciar a la misión entregando su vida y por lo tanto nunca llega el mensaje y su ser querido se queda con el vacío por siempre. 
Otras aprenden a volar pero cualquier cosa las distrae y se pierden en el camino, algunas tienen la mala suerte de que un niño curioso las tome y eche a perder sus alas. Así que no, la metamorfosis de una mariposa no es bella, ni fácil, ni lo mejor que hay en la naturaleza. 
Yo, aprendí a volar, tuve el privilegio y aquí estoy, revoloteando tu cabeza, contándote mi historia tratando de darte el mensaje, hijo, sé qué me has visto y tus ojos han brillado, sé que sabes que soy yo, he cumplido mi misión aunque en el camino he visto perderse y morir a cientos de mis hermanas. 
Ahora solo me queda agradecer y recomendar no dejar ningún pendiente en vida porque la segunda oportunidad no es sencilla ni es garantía de que podrás cumplirla. 
Te amé mucho hijo, aunque pude haberlo hecho mejor, perdón y hasta siempre.



Como el mar

Me parezco al mar,

 en lo calmo y turbulento,

en lo turbio y lo cristalino,

en los efectos del ciclo lunar

y en la grandeza que conlleva.


Del mar he aprendido

 que hay mareas que pueden desestabilizar 

pero también hay momentos de paz y claridad.


Y así como el mar, 

quiero fluir 

y abrazar lo que soy, 

quiero ser mía como el mar 

y disfrutar de mis días

y mis noches 

sin rendir cuentas a nadie,

como el mar.




Culto

El otro día soñé que volaba, dentro del sueño fui consciente de la libertad que poseía en ese instante y al mismo de lo efímero que resulta, ya que en cualquier momento podría acabarse si alguien, por ejemplo, decidiera encerrarme en una jaula o simplemente acabara con mi vida.

Así es todo en la vida, cuando algo se otorga viene acompañado de la posibilidad de perderlo. Con esa sensación quise despertar pero no podía, mi cuerpo se elevaba cada vez más y sorteé mares y ríos, hasta que llegué a un lugar en lo alto de una montaña donde un grupo de mujeres en círculo tocaban percusiones, danzaban y entonaban himnos sublimes juntas, uniendo sus voces y el latido de sus corazones para rendir culto a la diosa del amor, que es la misma que la diosa de la vida, nuestra madre.

Descendí en medio del círculo y de pronto me encontré en posición fetal, desnuda, cubierta de hojas y plumas de hermosas aves, rodeada por todas aquellas mujeres con los ojos inundados en lágrimas, con las mejillas sonrosadas y voces de ángeles arrodilladas ante mí. 

En ese momento comprendí que toda la ceremonia era entorno mío, yo era la diosa de su ritual y cuando por fin pude despertar del sueño, tuve el convencimiento de que soy mi propia diosa y que cada día debo mantener mi energía, mi armonía y mi amor en equilibrio, sin permitir que nada ni nadie robe mi esencia.

Soy yo, la diosa, y me amo.

Atención plena

La inmediatez del ahora me provoca incertidumbre, ¿podré concentrarme por 5 minutos en un sola cosa?
Tal vez mi vista está enfocada pero mis pensamientos me llevan a lugares inhóspitos y aquí algunas de las preguntas que surgieron:
¿Por qué no le he cambiado el agua a esta planta?
¿Por qué hay plantas que pueden vivir en condiciones adversas y otras simplemente se marchitan?
¿Por qué vino a mí mente el concepto de transición?
¿Por qué este dolor en el cuello?
¿Por qué la planta tiene una línea como si tuviera un doblez?
¿Por qué el verde de la hoja es precioso?
¿Por qué cambia el reflejo de la luz en la planta cuando me muevo?
¿Por qué he decidido estar aquí haciendo este ejercicio?
No tengo ninguna respuesta, solamente la certeza de que voy perdiendo mi tiempo en cosas superfluas en lugar de contemplar la maravilla que me rodea.

Lo que no fue

Nunca he sido admiradora de las mariposas pero recuerdo que de niña me gustaba mirarlas posadas en las flores y pasar junto a ellas para verlas alzar vuelo.
Recuerdo aquella infancia inocente en la que quería tomar uno de esos insectos para que se quedara para siempre conmigo, pero mamá me decía que no, que no se podía porque vivían poco, tenían que hacer su trabajo en la naturaleza y si yo las tomaba morirían pronto.
A mí me gustaban esos polvitos que  hacían brillar mis dedos cuando osaba agarrar una, pero mamá me dijo que esos polvitos que se soltaban debilitaban sus alas provocando que se acortara aún más su tiempo de vida en este mundo.
Quizás no es que nunca me hayan gustado las mariposas sino que me traen recuerdos de lo que no fue, de lo que no pude tener, de lo efímero y de lo frágil.

Una noche en Tekax

Estoy justo debajo de la luna, una luna llena, brillante y hermosa.
El cielo está despejado, se observan las estrellas y constelaciones y aunque la luna, sabemos, no tiene luz propia, hoy nada ni nadie la opaca, hoy está resplandeciente y me acompaña en este momento de escritura en soledad y silencio. 
Sopla un aire fresco que se siente bien en la piel, mis cabellos se mueven con él y no puedo evitar pensar en mi hijo, que es un gran admirador de la luna, pero que la ve muy pocas veces por dormirse temprano.
Hoy sé que en cualquier momento y lugar, aunque estemos lejos uno del otro, al ver la luna pensaremos en nosotros y en el amor que nos tenemos.
Luna, siempre serás nuestra favorita.


La taza de mamá

 Llegas del funeral, cansada, agobiada y con mucha sed. Vas a la cocina, abres la gaveta que está justo encima del agua y la ves, la taza de mamá, no cualquiera, su favorita, porque tú se la regalaste; y es en este instante en que el mundo se te viene abajo.

Tantos trámites a raíz de su muerte no te habían permitido iniciar el duelo, pero ahora, en la soledad y el silencio de su casa, mirando su taza favorita, te llegan los pensamientos devastadores, nunca más la verás tomar su café en ella, nunca más escucharás su voz por las mañanas mientras desayunan juntas y se te inundan los ojos, las lágrimas salen a ríos sin pedir permiso y el vacío se apodera de ti, sientes la orfandad, una desolación enorme.

Eran inseparables, hacían todo juntas, era tu gran compañera de vida y de pronto, ya no está más, se fue y te dejó en este mundo que siempre te ha parecido demasiado. Con todo y este pesar, tomas la taza entre tus manos, la observas como cuando la elegiste para ella, y recuerdas aquel cumpleaños, hace más de 10 años, cuando se fueron juntas a ese lugar de ensueño, te vienen los recuerdos de cómo empezaron a organizar ese viaje, el ahorro, la compra de los boletos de avión, las maletas que casi no pasaban en la promoción, el vuelo, la llegada, la visita a esa magnífica cascada, los paseos, las fotos, las risas; tantos momentos de felicidad que compartieron.

De pronto piensas que a lo mejor todo esto es un mal sueño y sólo debes dejar que continúe para despertar y empezar el día con su rutina diaria, así que dejas la taza en su lugar, tomas un vaso de vidrio, lo llenas de agua, te la bebes, lo dejas en el fregadero, te vas a tu cuarto y te tiras en la cama a dormir.

Pasan 16 horas, despiertas y sonríes, mamá te visitó, te dijo que está bien, en paz, y que ahora sí podrá estar siempre contigo; también te dijo que a tu lado fue la mujer más feliz, te agradeció por ser su hija y por todo lo que vivieron juntas, te abrazó y aún puedes sentir ese calor de sus abrazos, ese olor a frutas que despedía, incluso te sientes reconfortada, como todas las veces que te abrazaba. 

Estás en paz, mamá se fue pero te dejó las lecciones de vida más importantes, sus enseñanzas, sus mejores momentos juntas y, por supuesto, su taza favorita que, de ahora en adelante, será tu favorita en lo que llega ese momento de reunirse de nuevo en el más allá.



Mi primer libro

Siendo una adolescente viviendo en un mundo que me parecía ajeno, al que no pertenecía, mi refugio era mi escuela pero específicamente una clase, la de Literatura. Amaba las clases porque mi profesor se apasionaba y nos contagiaba ese entusiasmo y amor por los libros. Esperaba con ansias esas horas, me esmeraba mucho en las actividades, leía gustosa y me sorprendía con cada descubrimiento de este nuevo y maravilloso mundo de las letras.
Mi maestro notó mi gran interés y mis ansias de devorar libros, así que un día llegó con uno, de pastas amarillas y hojas del mismo color, a leguas se notaba que era un libro de hace muchos años, se acercó y me dijo que ahora era mío, que era un libro de un autor que a él le gustaba mucho y cuando vi qué libro era y de quién me emocioné un montón porque ya habíamos leído algunos fragmentos en clase y yo estaba fascinada. 
Así fue como El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez se convirtió en el primer libro de mi biblioteca personal y actualmente ese regalo está acompañado de otras ediciones del mismo porque decidí coleccionarlo por el gran valor emocional que para mí tiene, ya que fue un parteaguas en mi vida, fue el inicio de todo, y gracias a eso hoy estoy en este punto de mi vida, coordinando grupos lectores, fomentando la lectura, siendo puente entre libros y lectores, entre autoras y lectoras, entre mujeres de distintos lugares.
Amo ver ese primer libro con sus hojas a punto de resquebrajarse y sentir su olor a libro viejo, amo recordar mis clases y lo lindo de esa época, amo saber, gracias a él, mi misión en esta vida.

Lentes

Nunca lo había pensado pero quizá el objeto más hermoso del mundo sean estos lentes de pasta que llevo puestos porque hacen que luzca linda pero sobre todo porque me permiten mirar la luna y las estrellas durante las horas que salgo a tomar aire fresco en la terraza de la casa.
Son lo más hermoso porque gracias a ellos puedo mirar y contemplar la carita de mi hijo mientras explora el mundo, puedo ver sus expresiones, sus ojos bonitos, su sonrisa espontánea que alegra y enamora mis días.
Son hermosos porque me permiten sumergirme en mis amados libros, gracias a ellos puedo leer, leer, leer y disfrutar de una tarde soleada acompañada de una buena lectura.
Mis lentes son el objeto más lindo porque sin ellos no podría ver más que la realidad distorsionada, sin enfocar nada a mi alrededor y me perdería de todo lo bello y maravilloso que existe.

Bitácora de una maestra que les lee a sus estudiantes - Día 6 (26/03/26)

 Hoy, ya se me estaba olvidando leerle a mi grupo de tutorados, pero cuando estaba por empezar a pasar lista alguien dijo: -Maestra, ¿no nos...