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Mi túnel azul

Entro al túnel azul con luces de neón.

Por momentos creo que estoy en el espacio exterior.

Conforme avanzo en el túnel, sin ver la luz al final,

el éxtasis que invade todo mi cuerpo

explota en la voz silenciosa que sale de mi boca

cuando después de muchos movimientos convulsos

llego al punto exacto del placer.



Día 1. Un final o una despedida


Hoy es el día cero, ayer fue la despedida. 

Esa despedida que fuimos postergando, para la que pusimos mil y un pretextos. Intentamos de todo, volver a enamorarnos, consejo de la familia, ja, imposible, el daño estaba hecho y aún así lo intentamos, juramos que lo intentamos. 

Para la gente éramos la pareja perfecta, y lo fuimos por casi toda la relación pero el amor de pareja tiene fecha de caducidad, lo que no pasa con el amor fraternal. En unas parejas, llegada la hora, inicia la indiferencia pero con cordialidad y pueden seguir por el resto de sus vidas, pero en otras, como en la nuestra, algo empieza a pudrirse y va dañando a cada uno, carcomiendo el cariño e incluso el respeto.

Ayer lo decidimos, había llegado el momento de decir adiós y de tomar rumbos distintos, de aprender a sanar cada quien con su proceso.

Hoy es el día cero, hay una extrañeza en el ambiente, una mezcla de miedo, incertidumbre, esperanza y paz. 

Estaremos bien, cariño, ha sido lo mejor.


Mi nariz responde

         Querida Laura, te escribe tu nariz, leí tu carta y me siento agradecida por todas tus palabras. 

    Quiero que sepas que sí he sentido que te he fallado, que cuando viene la alergia y tú solo quieres estar acostada y todo te fastidia, me siento tan mal que si hubiese oportunidad de cambio accedería sin ninguna objeción, pero también quiero que sepas que hago todo lo que está dentro de mis funciones, trato de ser mejor cada día para ti y se que juntos vamos a lograr esa mejor vida que queremos. 

    Te agradezco lo del orégano, yo también creo que nos está funcionando, poquito a poquito vamos mejorando, pero también tienes que cuidarte, comer bien, tomar tus vitaminas y suplementos como debe ser y descansar, noto que te desgastas en cosas que no te aportan, mejor toma ese tiempo para descansar, haz deporte, ejercicios de respiración, aprovéchame para llenar y purificar tus pulmones de azul clarito como dice René en su canción.

    Soy feliz de poderte dar momentos buenos con algunos olores que puedes percibir a través de mí, hay que agradecer que el Covid-19 no nos quitó esa posibilidad.

Yo también te quiero y te gradezco.



Mi amiga otoño

Tú, mi amiga otoño. 
La que vino al mundo con el equinoccio de otoño, con ese equilibrio entre el día y la noche, con ese poder del balance que necesita el mundo.
Al igual que los árboles mudan sus hojas durante el otoño, tú también te despojaste de mucho, pero al igual que ellos floreciste y te hiciste fuerte, echaste raíces y estás dando frutos.
Eres el clima templado, la mejor compañía para las tardes en las que baja un poco la temperatura mientras tomamos chocolate caliente y nuestras pláticas parecen nunca tener fin.
Como una noche de otoño, con una luna espectacular, te veo y te admiro a varios miles de kilómetros, y aunque no siento tu calor, sí que veo tu luz, esa luz que siempre has irradiado, pero que que ahora vuelve a ser tan tuya como cuando te conocí.
Tú, mi amiga otoño. 
La que se fue, pero siempre está. 

Feliz cumpleaños, mi hermosa y amada, Yendi.




A mi nariz

    Querida nariz:

    Hoy, quiero agradecerte por permitirme sentir el olor de mi bebé, ese olor que me da calma y me llena el corazón. Quiero que sepas que siempre he estado orgullosa de ti, me gustas mucho, pero de unos años para acá me enojo muy seguido contigo, esas alergias que nos atacan y que no me permiten realizar mis actividades de una manera agradable y tranquila me pone muy de malas; la verdad no entiendo qué pasó, en qué momento empecé con este padecimiento; aunque recuerdo, muy vagamente, que el doctor le dijo a mi mamá que mi principio de bronquitis, si se me quitaba, iba a tener secuelas.
    Sin embargo, también quiero pedirte perdón porque no he seguido ningún tratamiento al pie de la letra y sé que te cansas también; que al día siguiente, después de una crisis alérgica, amaneces herida, lastimada y adolorida, pero al menos, me permites vivir mi día de una mejor manera.
    Ahora, quiero que sepas, estoy tomando aceite de orégano, consejo de la abuela, porque ya nos estaban atacando de manera semanal las alergias, mermando mucho mi calidad de vida; con emoción te digo que al parecer sí está funcionando, los días malos se han distanciado cada vez más y cuando llega lo inevitable, solamente es por la tarde, no como antes que me duraba todo el día y conforme iban transcurriendo las horas el malestar era cada vez más intenso.
    Te cuento que hace poco nos dijeron que bebé también tiene alergia, pero ruego a Dios que no sea así porque tú y yo sabemos lo terrible que se siente y no quisiera eso para él.
    Termino esta carta, agradeciéndote nuevamente por todo lo que me permites disfrutar, el perfume de las flores, el olor del café recién hecho, el de la comida saliendo de la estufa, el del chocolate que amo e incluso otros olores artificiales que disfruto o me transportan a momentos lindos de mi infancia y adolescencia, gracias por nuestra memoria olfativa.
                                                                                                                                  Gracias, querida nariz. 
Poco a poco vamos sanando.
Te quiere, Lau.




Rayo de luz

Siento que voy perdiendo todo, los estribos, el control de mi vida, mi madurez, mi inteligencia, el interés, las personas, a mí misma.

Este transcurrir de la vida me parece veloz y en cada tramo dejo algo, no me reconozco, ya casi ni hablo, las palabras se van esfumando, mis ideas ni qué decir. 

A veces sólo pienso en la muerte, aunque al mismo tiempo me aterra pensar en el cómo será; sé que todo seguirá igual, únicamente para mí se acabará todo.

Quiero correr, quiero gritar, quiero llorar, quiero dormir, quiero que me abracen y me hagan cariñitos, quiero que me abracen y me digan que están conmigo, que me aman y que todo estará bien.

Cuando pienso en qué momento cambió todo, me entra un gran sentimiento de culpa, porque todo se remonta al momento en el que me convertí en mamá.

Han pasado tantas cosas en estos años, me he vuelto tan despistada, amargada y simple que me aburro conmigo misma.

Me han engañado, y es un dolor tan hondo, todo se ha venido abajo, mi mundo se derrumbó, lo único a lo que me aferraba y que pensaba que era lo que permanecía intacto, desapareció.

.

.

.

Y así, cuando siento que me voy perdiendo, un rayo de luz aparece y empieza a ganarle a la oscuridad.



Adiós, juventud

Es extraño cómo casi nunca se valora lo que tenemos y después se añora. 

A mis 35 años, con un cuerpo de señora, el cuerpo normal después de haber engendrado y parido a dos seres humanos, el cuerpo de alguien que no hace ejercicio o hace muy poco y sabiendo que no podré regresar el tiempo para tener el cuerpo que tenía en la universidad, estoy escribiendo y pensando en lo que soy.

Con varios kilos de más y una mirada secreta, somos cómplices en las noches de luna nueva, cuando me siento bella, a pesar del sobrepeso; cuando me miras bella, a pesar de los años de diferencia.

Nunca había tenido problemas con mi cuerpo y mi peso, siempre le había dado poca o nula importancia, pero hoy, que no estamos juntos y que te veo atlético y sonriente, me gana el sentimiento de insuficiencia, de perderte aún cuando no nos tenemos.

Me miro y lo primero es mi cara y mi cabello, me gusto, pero luego bajo la mirada y ese abdomen expandido y desbordado me hipnotiza, me congela y trae a mi mente ideas absurdas sobre mi valía.

Tengo fuerza y poder, tengo inteligencia y templanza, soy autónoma y valiente, entonces por qué un detalle en mi físico me perturba; quiero ignorarlo pero al mismo tiempo quiero aceptarlo y hacer algo por cambiarlo.

¿Ejercicio, dieta, medicamentos?

No quiero nada, sólo dormir para soñar con ese tiempo que añoro, con ese tiempo en el que nunca me importaba mi cuerpo.



Un momento de mi día

 Llegó el miércoles, día de entrenamiento de volibol, debo confesar que no tenía muchas ganas de asistir, estuve a punto de tirarme en la cama a leer o a escrolear para posteriormente abandonarme en los brazos de Orfeo y dejarme llevar al extraordinario mundo onírico.

Algo me impulsó a resistir esa desgana, me metí a bañar, me puse la ropa deportiva y me dispuse a ir. 

Ya estando en la cancha aún no me sentía tan segura de querer moverme tanto, y es que hay ocasiones en las que siento que mi cuerpo requiere recuperar la energía que pierde en pláticas vacías que me desgastan y alentan mis sentidos.

Días en los que necesito reposar, hacer nada, existir nada más.

Cuando empezaron los ejercicios me dije que había que hacerlo, así que lo intenté, sin exigirme demasiado.

En este día hubo tiempo de jugar y los entrenamientos anteriores me ayudaron mucho en mi seguridad.

En la universidad jugaba volibol con mis amigos e incluso ganamos una copa pero nunca entrenábamos, así que yo no hacía mucho, la verdad.

El volibol es mi deporte favorito y es muy especial porque llevo jugándolo desde la secundaria y ahora, ya de adulta, muy adulta, he recordado lo mucho que disfruto practicarlo.



Oda a Frida

Escuchen todos,
entérense de
las hazañas de Frida.
Compartiré con ustedes
algunos de los momentos
más solemnes
de nuestras vidas
en compañía 
de esa criaturita llamada Frida.
Sepan que llegó
sin que la esperáramos,
vino a llenar
un sentimiento de culpa
pero enseguida se volvió
lo más hermoso de nuestros días.
Frida hermosa,
tu fortaleza nos conmueve,
te recuperaste muy rápido,
y es que te conformas con tan poco,
mereciendo todo lo mejor del universo.
Frida, te amamos,
te agradecemos ser parte
de nuestra familia 
y prometemos 
cuidarte, amarte y protegerte 
hasta el final
de los días.
Una vez dicho todo esto,
regreso a contarles 
las hazañas fabulosas
de la Frida más hermosa.
La más importante 
ocurre todos los días,
al llegar a casa 
Frida festeja y nos hace sentir
las personas más importantes del mundo.
En una ocasión,
por decisión propia
se salió y no volvía a nuestro llamado,
en seguida fuimos por ella,
pero era más rápida que nosotros,
recorrimos las calles,
subimos y bajamos cerros,
peleamos con bestias furiosas,
hasta dar con ella,
la vimos asustada,
acostada en la puerta de una casa
que no era la nuestra
pero que se parecía, 
como todas las del fraccionamiento,
seguro que pensó 
que ya no la queríamos
y que la habíamos dejado afuera,
pero al hablarle por su nombre,
su cabeza levantó,
sus ojitos brillaron
y su cola nos movió.
Pudiera seguir narrándoles
todas las aventuras de la maravillosa Frida,
pero quiero verla y estar con ella un rato
porque siento que han pasado los años
y no sé cuánto tiempo más
estaremos juntos disfrutando.
Oh, Frida, te amamos tanto.


Ritual

Cada martes ella espera con ansias la noche. 

De manera muy prolija, cual ritual sagrado, se acerca a la cocina, lava muy bien sus manos, vuelve a lavar el filtro y la taza de cristal, la llena de agua purificada hasta la capacidad máxima porque no es sólo para ella, sino para todo aquel que llegue a compartir lecturas, a filosofar sobre la vida, a expresar sus emociones.

Conecta la cafetera, aquella que pudo comprarse después de algunas quincenas de ahorro, pensando en que algún día podría compartir el café con más personas, por eso compró la de 12 tazas. 

Vierte el agua en el contenedor y procede a echar el café molido en el filtro, pero antes, al abrir la bolsa, aspira ese olor que enciende sus sentidos y que trae a su memoria los bellos recuerdos que juntos han pasado.

Llega el momento de la magia, presiona el botón que dice "robusto" para que el café esté más cargado, y esa bebida amarga pero deliciosa empieza a salir y a llenar la taza de cristal.

El sonido y el olor que emanan de la cafetera inundan el espacio y producen sensaciones agradables. Está a punto de iniciar una reunión más.

Llegan los lectores, se coloca la cafetera en el centro de la mesa, cada quien se sirve y lo prepara a su gusto, algunos simple, otros con azúcar y otros más añaden sustituto de crema, variedad de sabores para la variedad de personalidades.

Empieza la lectura, luego la charla, intercalando con la degustación del café y así se pasan las horas.

Cuando todo termina, un deje de nostalgia se queda en el ambiente y en el paladar a la espera del siguiente martes.



La voz de mi amiga Gaby

 La voz de mi amiga Gaby

es lo que se necesita en el día

cuando no te está yendo tan bien.

La voz de mi amiga Gaby

es una caricia al corazón,

un abrazo en la distancia,

un fuego que se enciende en tu interior.

La voz de mi amiga Gaby 

es magia pura y bendición.

La voz de mi amiga Gaby

me encanta, me relaja,

me alegra y me conmueve.

La voz de mi amiga Gaby

es una brisa de aire fresco

en los días calurosos.

La voz de mi amiga Gaby

es ese lugar seguro 

al que quieres ir

cuando tienes que descansar un poco.

La voz de mi amiga Gaby

es un regalo de la vida,

un presente en el presente.

La voz de mi amiga Gaby

es bondad, amor, fortaleza.

La voz de mi amiga Gaby

la llevo siempre en la memoria.

Gracias a la voz de mi amiga Gaby

pude leer mis primeros audiolibros.

Gracias a la voz de mi amiga Gaby

he logrado redescubrirme.

Gracias a la voz de mi amiga Gaby

he conocido otras realidades,

otros mundos, ideas, emociones,

sentimientos, opiniones y secretos.

La voz de mi amiga Gaby

es fuerte y poderosa.

Que nunca se silencie

la voz de mi amiga Gaby.



Metamorfosis

Todo el mundo cree que mi transformación es fácil y maravillosa, pero la verdad es que es lo más complejo por lo que alguien como yo pasa, el cambio de oruga-crisálida-mariposa es tremendo.
Salir de nuevo al mundo es terrorífico sobre todo cuando una se acostumbra a ese espacio seguro del capullo y aunque sabes que puedes ser devorada en cualquier momento, te sientes como en el útero de mamá, porque sí, todas nosotras fuimos seres humanos de otros tiempos, renacemos siendo orugas cuando dejamos a un ser querido muy valioso y queremos dejarle un mensaje a través del contacto con él o ella siendo mariposas.
No es fácil salir con unas alas más grandes que tu cuerpo, no es fácil pasar de oruga, de un gusano rastrero a mariposa, delicada y bella, ustedes los humanos lo ven como algo lindo, como un renacer, como el mejor cambio pero no es así.
Tener alas después de haberte arrastrado por el suelo requiere de una gran madurez física y mental. No todas pueden con el peso de esas alas, algunas ni siquiera pueden volar y deciden renunciar a la misión entregando su vida y por lo tanto nunca llega el mensaje y su ser querido se queda con el vacío por siempre. 
Otras aprenden a volar pero cualquier cosa las distrae y se pierden en el camino, algunas tienen la mala suerte de que un niño curioso las tome y eche a perder sus alas. Así que no, la metamorfosis de una mariposa no es bella, ni fácil, ni lo mejor que hay en la naturaleza. 
Yo, aprendí a volar, tuve el privilegio y aquí estoy, revoloteando tu cabeza, contándote mi historia tratando de darte el mensaje, hijo, sé qué me has visto y tus ojos han brillado, sé que sabes que soy yo, he cumplido mi misión aunque en el camino he visto perderse y morir a cientos de mis hermanas. 
Ahora solo me queda agradecer y recomendar no dejar ningún pendiente en vida porque la segunda oportunidad no es sencilla ni es garantía de que podrás cumplirla. 
Te amé mucho hijo, aunque pude haberlo hecho mejor, perdón y hasta siempre.



Como el mar

Me parezco al mar,

 en lo calmo y turbulento,

en lo turbio y lo cristalino,

en los efectos del ciclo lunar

y en la grandeza que conlleva.


Del mar he aprendido

 que hay mareas que pueden desestabilizar 

pero también hay momentos de paz y claridad.


Y así como el mar, 

quiero fluir 

y abrazar lo que soy, 

quiero ser mía como el mar 

y disfrutar de mis días

y mis noches 

sin rendir cuentas a nadie,

como el mar.




Culto

El otro día soñé que volaba, dentro del sueño fui consciente de la libertad que poseía en ese instante y al mismo de lo efímero que resulta, ya que en cualquier momento podría acabarse si alguien, por ejemplo, decidiera encerrarme en una jaula o simplemente acabara con mi vida.

Así es todo en la vida, cuando algo se otorga viene acompañado de la posibilidad de perderlo. Con esa sensación quise despertar pero no podía, mi cuerpo se elevaba cada vez más y sorteé mares y ríos, hasta que llegué a un lugar en lo alto de una montaña donde un grupo de mujeres en círculo tocaban percusiones, danzaban y entonaban himnos sublimes juntas, uniendo sus voces y el latido de sus corazones para rendir culto a la diosa del amor, que es la misma que la diosa de la vida, nuestra madre.

Descendí en medio del círculo y de pronto me encontré en posición fetal, desnuda, cubierta de hojas y plumas de hermosas aves, rodeada por todas aquellas mujeres con los ojos inundados en lágrimas, con las mejillas sonrosadas y voces de ángeles arrodilladas ante mí. 

En ese momento comprendí que toda la ceremonia era entorno mío, yo era la diosa de su ritual y cuando por fin pude despertar del sueño, tuve el convencimiento de que soy mi propia diosa y que cada día debo mantener mi energía, mi armonía y mi amor en equilibrio, sin permitir que nada ni nadie robe mi esencia.

Soy yo, la diosa, y me amo.

Atención plena

La inmediatez del ahora me provoca incertidumbre, ¿podré concentrarme por 5 minutos en un sola cosa?
Tal vez mi vista está enfocada pero mis pensamientos me llevan a lugares inhóspitos y aquí algunas de las preguntas que surgieron:
¿Por qué no le he cambiado el agua a esta planta?
¿Por qué hay plantas que pueden vivir en condiciones adversas y otras simplemente se marchitan?
¿Por qué vino a mí mente el concepto de transición?
¿Por qué este dolor en el cuello?
¿Por qué la planta tiene una línea como si tuviera un doblez?
¿Por qué el verde de la hoja es precioso?
¿Por qué cambia el reflejo de la luz en la planta cuando me muevo?
¿Por qué he decidido estar aquí haciendo este ejercicio?
No tengo ninguna respuesta, solamente la certeza de que voy perdiendo mi tiempo en cosas superfluas en lugar de contemplar la maravilla que me rodea.

Lo que no fue

Nunca he sido admiradora de las mariposas pero recuerdo que de niña me gustaba mirarlas posadas en las flores y pasar junto a ellas para verlas alzar vuelo.
Recuerdo aquella infancia inocente en la que quería tomar uno de esos insectos para que se quedara para siempre conmigo, pero mamá me decía que no, que no se podía porque vivían poco, tenían que hacer su trabajo en la naturaleza y si yo las tomaba morirían pronto.
A mí me gustaban esos polvitos que  hacían brillar mis dedos cuando osaba agarrar una, pero mamá me dijo que esos polvitos que se soltaban debilitaban sus alas provocando que se acortara aún más su tiempo de vida en este mundo.
Quizás no es que nunca me hayan gustado las mariposas sino que me traen recuerdos de lo que no fue, de lo que no pude tener, de lo efímero y de lo frágil.

Una noche en Tekax

Estoy justo debajo de la luna, una luna llena, brillante y hermosa.
El cielo está despejado, se observan las estrellas y constelaciones y aunque la luna, sabemos, no tiene luz propia, hoy nada ni nadie la opaca, hoy está resplandeciente y me acompaña en este momento de escritura en soledad y silencio. 
Sopla un aire fresco que se siente bien en la piel, mis cabellos se mueven con él y no puedo evitar pensar en mi hijo, que es un gran admirador de la luna, pero que la ve muy pocas veces por dormirse temprano.
Hoy sé que en cualquier momento y lugar, aunque estemos lejos uno del otro, al ver la luna pensaremos en nosotros y en el amor que nos tenemos.
Luna, siempre serás nuestra favorita.


La taza de mamá

 Llegas del funeral, cansada, agobiada y con mucha sed. Vas a la cocina, abres la gaveta que está justo encima del agua y la ves, la taza de mamá, no cualquiera, su favorita, porque tú se la regalaste; y es en este instante en que el mundo se te viene abajo.

Tantos trámites a raíz de su muerte no te habían permitido iniciar el duelo, pero ahora, en la soledad y el silencio de su casa, mirando su taza favorita, te llegan los pensamientos devastadores, nunca más la verás tomar su café en ella, nunca más escucharás su voz por las mañanas mientras desayunan juntas y se te inundan los ojos, las lágrimas salen a ríos sin pedir permiso y el vacío se apodera de ti, sientes la orfandad, una desolación enorme.

Eran inseparables, hacían todo juntas, era tu gran compañera de vida y de pronto, ya no está más, se fue y te dejó en este mundo que siempre te ha parecido demasiado. Con todo y este pesar, tomas la taza entre tus manos, la observas como cuando la elegiste para ella, y recuerdas aquel cumpleaños, hace más de 10 años, cuando se fueron juntas a ese lugar de ensueño, te vienen los recuerdos de cómo empezaron a organizar ese viaje, el ahorro, la compra de los boletos de avión, las maletas que casi no pasaban en la promoción, el vuelo, la llegada, la visita a esa magnífica cascada, los paseos, las fotos, las risas; tantos momentos de felicidad que compartieron.

De pronto piensas que a lo mejor todo esto es un mal sueño y sólo debes dejar que continúe para despertar y empezar el día con su rutina diaria, así que dejas la taza en su lugar, tomas un vaso de vidrio, lo llenas de agua, te la bebes, lo dejas en el fregadero, te vas a tu cuarto y te tiras en la cama a dormir.

Pasan 16 horas, despiertas y sonríes, mamá te visitó, te dijo que está bien, en paz, y que ahora sí podrá estar siempre contigo; también te dijo que a tu lado fue la mujer más feliz, te agradeció por ser su hija y por todo lo que vivieron juntas, te abrazó y aún puedes sentir ese calor de sus abrazos, ese olor a frutas que despedía, incluso te sientes reconfortada, como todas las veces que te abrazaba. 

Estás en paz, mamá se fue pero te dejó las lecciones de vida más importantes, sus enseñanzas, sus mejores momentos juntas y, por supuesto, su taza favorita que, de ahora en adelante, será tu favorita en lo que llega ese momento de reunirse de nuevo en el más allá.



Mi primer libro

Siendo una adolescente viviendo en un mundo que me parecía ajeno, al que no pertenecía, mi refugio era mi escuela pero específicamente una clase, la de Literatura. Amaba las clases porque mi profesor se apasionaba y nos contagiaba ese entusiasmo y amor por los libros. Esperaba con ansias esas horas, me esmeraba mucho en las actividades, leía gustosa y me sorprendía con cada descubrimiento de este nuevo y maravilloso mundo de las letras.
Mi maestro notó mi gran interés y mis ansias de devorar libros, así que un día llegó con uno, de pastas amarillas y hojas del mismo color, a leguas se notaba que era un libro de hace muchos años, se acercó y me dijo que ahora era mío, que era un libro de un autor que a él le gustaba mucho y cuando vi qué libro era y de quién me emocioné un montón porque ya habíamos leído algunos fragmentos en clase y yo estaba fascinada. 
Así fue como El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez se convirtió en el primer libro de mi biblioteca personal y actualmente ese regalo está acompañado de otras ediciones del mismo porque decidí coleccionarlo por el gran valor emocional que para mí tiene, ya que fue un parteaguas en mi vida, fue el inicio de todo, y gracias a eso hoy estoy en este punto de mi vida, coordinando grupos lectores, fomentando la lectura, siendo puente entre libros y lectores, entre autoras y lectoras, entre mujeres de distintos lugares.
Amo ver ese primer libro con sus hojas a punto de resquebrajarse y sentir su olor a libro viejo, amo recordar mis clases y lo lindo de esa época, amo saber, gracias a él, mi misión en esta vida.

Lentes

Nunca lo había pensado pero quizá el objeto más hermoso del mundo sean estos lentes de pasta que llevo puestos porque hacen que luzca linda pero sobre todo porque me permiten mirar la luna y las estrellas durante las horas que salgo a tomar aire fresco en la terraza de la casa.
Son lo más hermoso porque gracias a ellos puedo mirar y contemplar la carita de mi hijo mientras explora el mundo, puedo ver sus expresiones, sus ojos bonitos, su sonrisa espontánea que alegra y enamora mis días.
Son hermosos porque me permiten sumergirme en mis amados libros, gracias a ellos puedo leer, leer, leer y disfrutar de una tarde soleada acompañada de una buena lectura.
Mis lentes son el objeto más lindo porque sin ellos no podría ver más que la realidad distorsionada, sin enfocar nada a mi alrededor y me perdería de todo lo bello y maravilloso que existe.

Bitácora de una maestra que les lee a sus estudiantes - Día 6 (26/03/26)

 Hoy, ya se me estaba olvidando leerle a mi grupo de tutorados, pero cuando estaba por empezar a pasar lista alguien dijo: -Maestra, ¿no nos...