Seguidores

Mi nariz responde

         Querida Laura, te escribe tu nariz, leí tu carta y me siento agradecida por todas tus palabras. 

    Quiero que sepas que sí he sentido que te he fallado, que cuando viene la alergia y tú solo quieres estar acostada y todo te fastidia, me siento tan mal que si hubiese oportunidad de cambio accedería sin ninguna objeción, pero también quiero que sepas que hago todo lo que está dentro de mis funciones, trato de ser mejor cada día para ti y se que juntos vamos a lograr esa mejor vida que queremos. 

    Te agradezco lo del orégano, yo también creo que nos está funcionando, poquito a poquito vamos mejorando, pero también tienes que cuidarte, comer bien, tomar tus vitaminas y suplementos como debe ser y descansar, noto que te desgastas en cosas que no te aportan, mejor toma ese tiempo para descansar, haz deporte, ejercicios de respiración, aprovéchame para llenar y purificar tus pulmones de azul clarito como dice René en su canción.

    Soy feliz de poderte dar momentos buenos con algunos olores que puedes percibir a través de mí, hay que agradecer que el Covid-19 no nos quitó esa posibilidad.

Yo también te quiero y te gradezco.



Mi amiga otoño

Tú, mi amiga otoño. 
La que vino al mundo con el equinoccio de otoño, con ese equilibrio entre el día y la noche, con ese poder del balance que necesita el mundo.
Al igual que los árboles mudan sus hojas durante el otoño, tú también te despojaste de mucho, pero al igual que ellos floreciste y te hiciste fuerte, echaste raíces y estás dando frutos.
Eres el clima templado, la mejor compañía para las tardes en las que baja un poco la temperatura mientras tomamos chocolate caliente y nuestras pláticas parecen nunca tener fin.
Como una noche de otoño, con una luna espectacular, te veo y te admiro a varios miles de kilómetros, y aunque no siento tu calor, sí que veo tu luz, esa luz que siempre has irradiado, pero que que ahora vuelve a ser tan tuya como cuando te conocí.
Tú, mi amiga otoño. 
La que se fue, pero siempre está. 

Feliz cumpleaños, mi hermosa y amada, Yendi.




A mi nariz

    Querida nariz:

    Hoy, quiero agradecerte por permitirme sentir el olor de mi bebé, ese olor que me da calma y me llena el corazón. Quiero que sepas que siempre he estado orgullosa de ti, me gustas mucho, pero de unos años para acá me enojo muy seguido contigo, esas alergias que nos atacan y que no me permiten realizar mis actividades de una manera agradable y tranquila me pone muy de malas; la verdad no entiendo qué pasó, en qué momento empecé con este padecimiento; aunque recuerdo, muy vagamente, que el doctor le dijo a mi mamá que mi principio de bronquitis, si se me quitaba, iba a tener secuelas.
    Sin embargo, también quiero pedirte perdón porque no he seguido ningún tratamiento al pie de la letra y sé que te cansas también; que al día siguiente, después de una crisis alérgica, amaneces herida, lastimada y adolorida, pero al menos, me permites vivir mi día de una mejor manera.
    Ahora, quiero que sepas, estoy tomando aceite de orégano, consejo de la abuela, porque ya nos estaban atacando de manera semanal las alergias, mermando mucho mi calidad de vida; con emoción te digo que al parecer sí está funcionando, los días malos se han distanciado cada vez más y cuando llega lo inevitable, solamente es por la tarde, no como antes que me duraba todo el día y conforme iban transcurriendo las horas el malestar era cada vez más intenso.
    Te cuento que hace poco nos dijeron que bebé también tiene alergia, pero ruego a Dios que no sea así porque tú y yo sabemos lo terrible que se siente y no quisiera eso para él.
    Termino esta carta, agradeciéndote nuevamente por todo lo que me permites disfrutar, el perfume de las flores, el olor del café recién hecho, el de la comida saliendo de la estufa, el del chocolate que amo e incluso otros olores artificiales que disfruto o me transportan a momentos lindos de mi infancia y adolescencia, gracias por nuestra memoria olfativa.
                                                                                                                                  Gracias, querida nariz. 
Poco a poco vamos sanando.
Te quiere, Lau.




Rayo de luz

Siento que voy perdiendo todo, los estribos, el control de mi vida, mi madurez, mi inteligencia, el interés, las personas, a mí misma.

Este transcurrir de la vida me parece veloz y en cada tramo dejo algo, no me reconozco, ya casi ni hablo, las palabras se van esfumando, mis ideas ni qué decir. 

A veces sólo pienso en la muerte, aunque al mismo tiempo me aterra pensar en el cómo será; sé que todo seguirá igual, únicamente para mí se acabará todo.

Quiero correr, quiero gritar, quiero llorar, quiero dormir, quiero que me abracen y me hagan cariñitos, quiero que me abracen y me digan que están conmigo, que me aman y que todo estará bien.

Cuando pienso en qué momento cambió todo, me entra un gran sentimiento de culpa, porque todo se remonta al momento en el que me convertí en mamá.

Han pasado tantas cosas en estos años, me he vuelto tan despistada, amargada y simple que me aburro conmigo misma.

Me han engañado, y es un dolor tan hondo, todo se ha venido abajo, mi mundo se derrumbó, lo único a lo que me aferraba y que pensaba que era lo que permanecía intacto, desapareció.

.

.

.

Y así, cuando siento que me voy perdiendo, un rayo de luz aparece y empieza a ganarle a la oscuridad.



Adiós, juventud

Es extraño cómo casi nunca se valora lo que tenemos y después se añora. 

A mis 35 años, con un cuerpo de señora, el cuerpo normal después de haber engendrado y parido a dos seres humanos, el cuerpo de alguien que no hace ejercicio o hace muy poco y sabiendo que no podré regresar el tiempo para tener el cuerpo que tenía en la universidad, estoy escribiendo y pensando en lo que soy.

Con varios kilos de más y una mirada secreta, somos cómplices en las noches de luna nueva, cuando me siento bella, a pesar del sobrepeso; cuando me miras bella, a pesar de los años de diferencia.

Nunca había tenido problemas con mi cuerpo y mi peso, siempre le había dado poca o nula importancia, pero hoy, que no estamos juntos y que te veo atlético y sonriente, me gana el sentimiento de insuficiencia, de perderte aún cuando no nos tenemos.

Me miro y lo primero es mi cara y mi cabello, me gusto, pero luego bajo la mirada y ese abdomen expandido y desbordado me hipnotiza, me congela y trae a mi mente ideas absurdas sobre mi valía.

Tengo fuerza y poder, tengo inteligencia y templanza, soy autónoma y valiente, entonces por qué un detalle en mi físico me perturba; quiero ignorarlo pero al mismo tiempo quiero aceptarlo y hacer algo por cambiarlo.

¿Ejercicio, dieta, medicamentos?

No quiero nada, sólo dormir para soñar con ese tiempo que añoro, con ese tiempo en el que nunca me importaba mi cuerpo.



Thornhill de Pam Smy

  Thornhill de Pam Smy Calificación: 5★ Año de publicación original: 2017 Editorial: SEP Tipo de lectura: Individual Formato: Papel Páginas:...