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Mi embarazo en flor 🌸 Parte II

En esta ocasión voy a contarles cómo he vivido los tres trimestres de gestación.

Platicando con Roberto, mi esposo, siempre decimos que jamás imaginamos lo fuerte que son los malestares en el embarazo. Sabíamos lo básico, que pueden haber mareos y náuseas y ya.

Y aunque yo sé que cada embarazo es diferente y que no a todas les pasa lo mismo, tampoco llegué a imaginarme lo mal que la iba a pasar durante los primeros meses.

Cuando me enteré que estaba embarazada todo estaba normal, ya llevaba, según la prueba, más de 3 semanas y yo comía y hacía de todo sin sentir ningún malestar. Pero después, la verdad no recuerdo en qué semana en específico, pero seguramente fue a finales de marzo o a principios de abril cuando todo cambió.

Recuerdo muy bien estar con mis estudiantes en el huerto y uno de los equipos juntó un poco de hojas secas para quemar y tener cenizas para el tratado de su tierra, ese humo fue insoportable para mí, y fue la primera vez que vomité. No sé si eso activó el sensor de vómitos pero de ahí no paré hasta como a finales del mes de junio. 

La pasé muy mal, la verdad, muchas personas, de buen corazón, me decían que disfrutara cada etapa, incluso esa de los vómitos y para mí eso era y fue imposible, si hay un malestar que más me choca en la vida es vomitar, creo que es la peor sensación del mundo, el esfuerzo que se hace, y lo que conlleva. Así que no, definitivamente esa etapa fue nada disfrutable.

Estando en la escuela los malestares no eran tan intensos, pero apenas llegaba a la casa todo cambiaba. Me era casi insoportable estar en mi casa, incluso tuve que salirme de mi cuarto y dormir todo ese tiempo en la sala porque no aguantaba estar en mi cuarto. El calor tan intenso de esos meses hacía que el ambiente se me tornara rancio, y alguna sensación de calor o un olor raro me hacía dar arcadas.

Lo que más me dolió es que me volví intolerante con mis perritas como por 3 meses, no podía ni verlas porque me provocaba. Las pobres a veces querían acercarse y yo las alejaba. Fue muy fuerte porque las amo mucho, e incluso cuando murió Mokita fue la peor sensación porque sabía que no había estado tan apegada a ella en las últimas semanas, así que el dolor fue muy grande cuando la perdí.

Lo que puedo rescatar de esa etapa oscura es que no subí de peso gracias a los vómitos, incluso llegué a bajar 2 o 3 kilos, lo cual fue bastante bueno para el desarrollo del embarazo. Todos me preguntaban si no tenía antojos y la verdad es que no, con todos los malestares no se me antojaba nada. Lo que tenía muy claro son algunas comidas que más me hacían vomitar: el pollo asado y el frijol. 

Durante esta etapa, todas las noches mi esposo y yo nos íbamos a dar vueltas en el carro para que yo me relajara un poco y me distrajera de todo el malestar sentido durante el día. Yo esperaba con ansias esas salidas porque sí me despejaban. 

Otra cosa que sucedió es que me enfermé como dos veces de gripa, tos y dolor de garganta, no fue nada grave, pero sí lo sufrí muchísimo porque fueron malestares extras que se incorporaron a mi día a día como por dos semanas. Así que eso también fue horrible.

Para todo esto, yo pensaba que al estar acostada en casa pasando mis malestares iba a poder leer un poco más pero no fue así, no se me antojaba para nada agarrar un libro. Casi siempre estaba en el celular pero incluso llegó un momento en que los vídeos de Tiktok o Instagram me daban náuseas, no sé, la música, el brillo de la pantalla, la rapidez de cada uno, fue muy extraño pero hasta dejé de ver tanto el celular.

Para el segundo trimestre recuerdo muy bien que en la semana de evaluaciones me invitaron a estar presente en las del segundo ciclo, que presentaban platillos regionales, y pude saborear todas las comidas que me dieron para degustar. A partir de ahí supe que ahora sí iba a disfrutar del embarazo como se debe.

Me daba mucho miedo volver a recaer con los malestares, así que esta etapa fue de 'un día a la vez', disfrutando cada día que me sentía bien. Lo mejor fue poder comer ya casi de todo.

Salí mucho con mi esposo, retomé mis rutinas, incluso la lectura aunque no al cien pero ya pude terminar algunos libros más.

Comencé a arreglarme, a peinarme, a maquillarme y a tomarme fotos con mi pancita, me sentía bastante bien y se reflejaba incluso en mis actitudes. 

Empezaron a llegar algunos regalitos para el bebé, aunque no sabíamos aún si sería niño o niña, mis estudiantes sobre todo, me llevaban alguna ropita y eso me hacía feliz y me angustiaba al mismo tiempo porque nosotros no habíamos comprado nada.

A finales de junio fuimos a hacernos la ecografía del segundo trimestre y a ver si podíamos saber el sexo del bebé. La mayoría de las personas a nuestro alrededor decían que sería niña, incluso nosotros también llegamos a pensarlo. Teníamos ya claro el nombre de niña y para el de niño estábamos un poco indecisos.

Pero en la eco se vio claramente que bebé sería varón, lo cual me sorprendió (de esto hablaré en otra enterada) pero en seguida empezamos ya a decidirnos por el nombre. Tenía que ser un nombre maya o que provenga de la lengua maya. Y así decidimos llamarlo Iktán, que significa ingenioso.

No le dijimos a nadie que ya sabíamos qué sería bebé y un amigo nos ofreció hacernos una sesión de fotos para la revelación, así que nos esperamos a ese día para dar la noticia a nuestros amigos y familiares.

No queríamos caer en los clichés del azul y rosa, y como mamá feminista y papá que la apoya, decidimos que el color del anuncio sea verde porque la maternidad será deseada o no será. Fue una sesión muy rápida porque ese día llovió, pero fue muy emocionante hacerla y luego disfrutar un poco de la lluvia después de meses interminables de calor insoportable.

Definitivamente el segundo trimestre ha sido el más disfrutable de todos ya que podía hacer de todo como si nada, comer, andar, dormir, trabajar, pasear, etcétera.

Y así, llegamos al tercer trimestre. Ya se sentía un poco más el peso del bebé, sentía cómo me costaba un poco más de trabajo caminar, cómo me agitaba al hablar, sobre todo dando clases, y una leve incomodidad al dormir. La verdad todo el embarazo he dormido en hamaca y no la he pasado tan mal, un día, por el miedo de caerme decidí dormir en la cama y fue la peor experiencia, un dolor de espalda y en las ingles que con trabajo podía siquiera moverme un poquito. Así que continúo durmiendo en mi hamaquita.

A pesar del cansancio por el peso, hice muchas actividades, asistí a la Biciruta para hacer actividad de fomento a la lectura, fui al encuentro de Mediadores de lectura, participé (estuve pendiente) en el desfile de septiembre, y aunque ya de licencia estuve participando en las actividades de aniversario de la universidad donde trabajo, aunque esto provocó que se elevara un poco la presión.

Durante este tiempo celebraron en 3 ocasiones la pronta llegada de Iktán, lo cual agradezco mucho, yo no tenía planeada ninguna celebración de ese tipo, pero Roberto y yo nos la pasamos muy bien y nos sentimos muy apapachados por ustedes, estamos muy agradecidos de corazón por las muestras de cariño para con nosotros y con Iktán.

En este trimestre empezamos a comprar ropita, pañales, cosas de higiene, carreola, cuna, portabebé, sabanitas, esterilizador de biberones, pañalera, carrito organizador, entre otros. Y con eso también llega la angustia de no saber si será suficiente, si hace falta algo o algo está de más, un poquito de estrés.

Pero además de esa angustia, también de pronto me entra el miedo de lo que vaya a pasar, de si estaremos bien bebé y yo, si habrá alguna complicación, de no saber si ya inicié labor de parto y vaya a haber sufrimiento fetal, esos pensamientos raros que trato de evitar.

También llegó el día de salir de licencia de maternidad, no creí que fuera a llorar cuando me despedí de mis estudiantes, pero pasó. Y hasta ahora siento que no puedo desprenderme completamente de mi trabajo. Sigo al pendiente, sigo pensando en el trabajo, aunque todo ya esté en las buenas manos de mis compañeros profesores. Pero Incluso, en ciertos momentos, me he llegado a sentir mal por haberme embarazado, como una culpa por dejar el trabajo. No sé de dónde viene eso, y he batallado igual con esos pensamientos.

Un día, de pronto caí en cuenta de que Roberto y yo vamos a iniciar nuestra etapa como papás y que durará todo lo que nos reste de vida. Ya no seremos solamente él y yo, ya no estaremos solos como lo hemos estado por casi 12 años, y quise hacer una cena de despedida para esa etapa tan maravillosa que hemos vivido. Me dió mucha nostalgia al estar planeando la cita porque estuvieron llegando a mí muchísimos recuerdos de momentos que hemos pasado juntos, solos; tanto buenos como malos y he llorado un poco, pero al mismo tiempo he sentido emoción al pensar que nuevas aventuras llegarán y que infinidad de momentos se incorporarán en nuestras mentes y corazones.

Ahora que ya está más grande mi panza todavía hay ocasiones en las que me veo al espejo y me sorprendo, no puedo creer que haya un ser ahí adentro y sobre todo porque jamás me imaginé estando embarazada, bueno, ese cambio de mi cuerpo era una de las cosas que más me aterraba, pensaba en cómo iba a verme, qué iba a sentir y aunque me gusto mucho, como que no termino de creerlo y asimilarlo aunque pronto ya no estará ahí bebé y eso me da un poco de tristeza.

Ya estamos en la recta final, en cualquier momento bebé puede nacer y hay un sinfín de emociones en mí. Solo espero que todo salga bien, que podamos estar los 3 juntitos disfrutando de esta aventura y gran responsabilidad que es tener un hijo. Les agradezco a todos por leerme, por estar, y les pido una oración para que todo salga bien en el parto. 


Gracias por leer.

La próxima entrada será sobre qué pasó cuando nos enteramos que tendríamos un niño.

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