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Escritura derivada del libro Las uvas de la ira de Jhon Steinbeck

Hola, lectores, el libro 58 que comentamos en el Club Mágico de Lectura fue Las uvas de la ira, de Jhon Steinbeck, una obra que retrata el sufrimiento por el que tuvieron que pasar cientos de familia que fueron despojadas de sus tierras debido a las deudas que iban adquiriendo en los grandes monstruos (los bancos) y que iban hacia California tras el sueño americano. A raíz de esta lectura, de una historia tan cruel, surge el siguiente texto que les quiero compartir. El título surgió mientras me dirigía a la Feria Internacional de la Lectura en Yucatán, ya que estaba pensando en lo que había leído y en lo difícil que debió ser, porque cabe mencionar que está basada en hechos reales, aunque en realidad no estamos tan alejados de lo que se nos ahí se nos presenta, cuánta gente no tiene qué comer, tiene trabajo por temporada y muy mal pagado, tierras que son tomadas por grandes empresas mineras, a los que no les importa dejar sin hogar a las familias que ahí vivían y mucho menos el cuidado del medio ambiente. Sin embargo, a pesar de todo esto, cada uno tenemos la posibilidad y por qué no, la obligación de hacer lo que está en nuestras manos para que el mundo sea un poco mejor.


Tierra mía, tuyo soy

Estoy aquí, sembrado en ti y quieren arrancarme para alejarme de ti. ¿Cómo los detengo?, ¿cómo les digo tierra mía que tuyo soy?, ¿cómo les digo que nací y florecía aquí? Mis ancestros sembraron y cosecharon lo que hoy arde en mi interior.
Lo han logrado tierra mía, derrumbaron mi alma, mi familia; acabaron con las risas sinceras y las tares soleadas en que veíamos a los niños jugar y correr.
De pronto, como plagas que matan, aparecieron la tristeza, la ira, la desesperanza y el desasosiego. Aniquilaron los frutos que juntos cosechamos, y juntos partimos hacia lo desconocido.
En tierras extrañas, con personas como nosotros, fuimos pisoteados, humillados y lacerados. El hambre nos carcomió la piel y las entrañas; el calor nos sofocó.
Fuimos como olas que siguen un curso, sin saber que al llegar nada hay.
Muerte vimos y sufrimos y duelos que nunca vivimos marcaban el camino que juntos seguimos.
Tierra mía, estoy atravesado por las lanzas del egoísmo, la avaricia y la maldad. Quiero recuperarme, mi corazón está vacío. Quiero recuperarte para dejarme a los míos. He gritado, he llorado pero hoy voy a luchar.
Tierra mía, tuyo soy y seré de cada niño hambriento, de cada mujer abandonada, de cada padre cansado, de cada madre que no se rinde y de cada familia que te es arrancada.



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