Seguidores

Adiós, juventud

Es extraño cómo casi nunca se valora lo que tenemos y después se añora. 

A mis 35 años, con un cuerpo de señora, el cuerpo normal después de haber engendrado y parido a dos seres humanos, el cuerpo de alguien que no hace ejercicio o hace muy poco y sabiendo que no podré regresar el tiempo para tener el cuerpo que tenía en la universidad, estoy escribiendo y pensando en lo que soy.

Con varios kilos de más y una mirada secreta, somos cómplices en las noches de luna nueva, cuando me siento bella, a pesar del sobrepeso; cuando me miras bella, a pesar de los años de diferencia.

Nunca había tenido problemas con mi cuerpo y mi peso, siempre le había dado poca o nula importancia, pero hoy, que no estamos juntos y que te veo atlético y sonriente, me gana el sentimiento de insuficiencia, de perderte aún cuando no nos tenemos.

Me miro y lo primero es mi cara y mi cabello, me gusto, pero luego bajo la mirada y ese abdomen expandido y desbordado me hipnotiza, me congela y trae a mi mente ideas absurdas sobre mi valía.

Tengo fuerza y poder, tengo inteligencia y templanza, soy autónoma y valiente, entonces por qué un detalle en mi físico me perturba; quiero ignorarlo pero al mismo tiempo quiero aceptarlo y hacer algo por cambiarlo.

¿Ejercicio, dieta, medicamentos?

No quiero nada, sólo dormir para soñar con ese tiempo que añoro, con ese tiempo en el que nunca me importaba mi cuerpo.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Bitácora de una maestra que les lee a sus estudiantes - Día 6 (26/03/26)

 Hoy, ya se me estaba olvidando leerle a mi grupo de tutorados, pero cuando estaba por empezar a pasar lista alguien dijo: -Maestra, ¿no nos...