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A mi nariz

    Querida nariz:

    Hoy, quiero agradecerte por permitirme sentir el olor de mi bebé, ese olor que me da calma y me llena el corazón. Quiero que sepas que siempre he estado orgullosa de ti, me gustas mucho, pero de unos años para acá me enojo muy seguido contigo, esas alergias que nos atacan y que no me permiten realizar mis actividades de una manera agradable y tranquila me pone muy de malas; la verdad no entiendo qué pasó, en qué momento empecé con este padecimiento; aunque recuerdo, muy vagamente, que el doctor le dijo a mi mamá que mi principio de bronquitis, si se me quitaba, iba a tener secuelas.
    Sin embargo, también quiero pedirte perdón porque no he seguido ningún tratamiento al pie de la letra y sé que te cansas también; que al día siguiente, después de una crisis alérgica, amaneces herida, lastimada y adolorida, pero al menos, me permites vivir mi día de una mejor manera.
    Ahora, quiero que sepas, estoy tomando aceite de orégano, consejo de la abuela, porque ya nos estaban atacando de manera semanal las alergias, mermando mucho mi calidad de vida; con emoción te digo que al parecer sí está funcionando, los días malos se han distanciado cada vez más y cuando llega lo inevitable, solamente es por la tarde, no como antes que me duraba todo el día y conforme iban transcurriendo las horas el malestar era cada vez más intenso.
    Te cuento que hace poco nos dijeron que bebé también tiene alergia, pero ruego a Dios que no sea así porque tú y yo sabemos lo terrible que se siente y no quisiera eso para él.
    Termino esta carta, agradeciéndote nuevamente por todo lo que me permites disfrutar, el perfume de las flores, el olor del café recién hecho, el de la comida saliendo de la estufa, el del chocolate que amo e incluso otros olores artificiales que disfruto o me transportan a momentos lindos de mi infancia y adolescencia, gracias por nuestra memoria olfativa.
                                                                                                                                  Gracias, querida nariz. 
Poco a poco vamos sanando.
Te quiere, Lau.




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