El otro día soñé que volaba, dentro del sueño fui consciente de la libertad que poseía en ese instante y al mismo de lo efímero que resulta, ya que en cualquier momento podría acabarse si alguien, por ejemplo, decidiera encerrarme en una jaula o simplemente acabara con mi vida.
Así es todo en la vida, cuando algo se otorga viene acompañado de la posibilidad de perderlo. Con esa sensación quise despertar pero no podía, mi cuerpo se elevaba cada vez más y sorteé mares y ríos, hasta que llegué a un lugar en lo alto de una montaña donde un grupo de mujeres en círculo tocaban percusiones, danzaban y entonaban himnos sublimes juntas, uniendo sus voces y el latido de sus corazones para rendir culto a la diosa del amor, que es la misma que la diosa de la vida, nuestra madre.
Descendí en medio del círculo y de pronto me encontré en posición fetal, desnuda, cubierta de hojas y plumas de hermosas aves, rodeada por todas aquellas mujeres con los ojos inundados en lágrimas, con las mejillas sonrosadas y voces de ángeles arrodilladas ante mí.
En ese momento comprendí que toda la ceremonia era entorno mío, yo era la diosa de su ritual y cuando por fin pude despertar del sueño, tuve el convencimiento de que soy mi propia diosa y que cada día debo mantener mi energía, mi armonía y mi amor en equilibrio, sin permitir que nada ni nadie robe mi esencia.
Soy yo, la diosa, y me amo.
.jpg)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario