Recuerdo aquella infancia inocente en la que quería tomar uno de esos insectos para que se quedara para siempre conmigo, pero mamá me decía que no, que no se podía porque vivían poco, tenían que hacer su trabajo en la naturaleza y si yo las tomaba morirían pronto.
A mí me gustaban esos polvitos que hacían brillar mis dedos cuando osaba agarrar una, pero mamá me dijo que esos polvitos que se soltaban debilitaban sus alas provocando que se acortara aún más su tiempo de vida en este mundo.
Quizás no es que nunca me hayan gustado las mariposas sino que me traen recuerdos de lo que no fue, de lo que no pude tener, de lo efímero y de lo frágil.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario