El cielo está despejado, se observan las estrellas y constelaciones y aunque la luna, sabemos, no tiene luz propia, hoy nada ni nadie la opaca, hoy está resplandeciente y me acompaña en este momento de escritura en soledad y silencio.
Sopla un aire fresco que se siente bien en la piel, mis cabellos se mueven con él y no puedo evitar pensar en mi hijo, que es un gran admirador de la luna, pero que la ve muy pocas veces por dormirse temprano.
Hoy sé que en cualquier momento y lugar, aunque estemos lejos uno del otro, al ver la luna pensaremos en nosotros y en el amor que nos tenemos.
Luna, siempre serás nuestra favorita.

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