Salir de nuevo al mundo es terrorífico sobre todo cuando una se acostumbra a ese espacio seguro del capullo y aunque sabes que puedes ser devorada en cualquier momento, te sientes como en el útero de mamá, porque sí, todas nosotras fuimos seres humanos de otros tiempos, renacemos siendo orugas cuando dejamos a un ser querido muy valioso y queremos dejarle un mensaje a través del contacto con él o ella siendo mariposas.
No es fácil salir con unas alas más grandes que tu cuerpo, no es fácil pasar de oruga, de un gusano rastrero a mariposa, delicada y bella, ustedes los humanos lo ven como algo lindo, como un renacer, como el mejor cambio pero no es así.
Tener alas después de haberte arrastrado por el suelo requiere de una gran madurez física y mental. No todas pueden con el peso de esas alas, algunas ni siquiera pueden volar y deciden renunciar a la misión entregando su vida y por lo tanto nunca llega el mensaje y su ser querido se queda con el vacío por siempre.
Otras aprenden a volar pero cualquier cosa las distrae y se pierden en el camino, algunas tienen la mala suerte de que un niño curioso las tome y eche a perder sus alas. Así que no, la metamorfosis de una mariposa no es bella, ni fácil, ni lo mejor que hay en la naturaleza.
Yo, aprendí a volar, tuve el privilegio y aquí estoy, revoloteando tu cabeza, contándote mi historia tratando de darte el mensaje, hijo, sé qué me has visto y tus ojos han brillado, sé que sabes que soy yo, he cumplido mi misión aunque en el camino he visto perderse y morir a cientos de mis hermanas.
Ahora solo me queda agradecer y recomendar no dejar ningún pendiente en vida porque la segunda oportunidad no es sencilla ni es garantía de que podrás cumplirla.
Te amé mucho hijo, aunque pude haberlo hecho mejor, perdón y hasta siempre.

Wow hermosa reflexión
ResponderBorrarMuchas gracias
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